Efecto de las Artes Marciales en los Niños
En la actualidad son muchas las influencias que el ser humano experimenta en las relaciones con otros y en la integración a la sociedad. Los niños son parte central de este proceso en la vida social cotidiana, lo cual les produce tensiones personales, ansiedades, inseguridades, hostilidades, etc.
La práctica de un arte marcial como el Karate y el Kobudo ayuda a reducir los rasgos negativos en la formación de la personalidad del niño y aumenta los positivos. Para ello a veces es importante asignarles responsabilidades que se conviertan en verdaderos retos, incentivándolos a dar lo mejor de sí. En este sentido la presencia de un instructor, su dedicación en el manejo de las clases, su paciencia, comprensión, sentido del respeto, de ejemplo y disciplina en su conducta, son muy importantes para el desarrollo y la madurez emocional del niño.
Si un niño es muy agresivo, el Karate lo ayudará a canalizar esa energía. Si es muy tímido, le va a ayudar a ser más desenvuelto y seguro de sí mismo como resultado del esfuerzo gradual en la práctica.

Los niños asumen en su conducta el ejemplo de los instructores, por eso un instructor respetuoso y comprensivo formará alumnos que valoren el respeto y la comprensión hacia los demás creando dojos de armonía y confianza entre los estudiantes.
Con la repetición esquematizada de los Katas, los niños desarrollan destrezas psicomotoras y un alto nivel de concentración, ya que el ejercicio confiere una dinámica de movimientos únicos que involucran el espíritu, la mente y el cuerpo, llegando a desarrollar resistencia al cansancio y fortaleza ante las dificultades.
Durante los primeros cinco años, los niños descubren su cuerpo, se conocen a sí mismos, aprenden a respirar adecuadamente, a tener flexibilidad y a corregir malos hábitos. Luego de diez años de entrenamiento, ya adolescentes, la disciplina es notoria mostrándoles un teclado abierto de posibilidades. Al tener conciencia de sus capacidades, gracias al esfuerzo y la constancia, experimentan logros importantes que expresan en actitudes como, paciencia, respeto a los demás y un sentimiento de apertura y aceptación frente a todas las cosas.
Por último, la práctica del Karate y el Kobudo entendido como arte, debe asimilarse en su sentido filosófico y espiritual, donde se aprende con humildad que el poder físico y las herramientas de combate son para mejorarse a sí mismo, aprender a ser altruista, elevarse espiritualmente y no para derrotar a otros.
