Vida del Maestro Hiramatsu
Llegada a Venezuela
A su llegada a Venezuela en mayo de 1977, gracias a las gestiones del sensei Kunio Tanabe, el Hanshi Hiramatsu es recibido calurosamente en el Aeropuerto Internacional de Maracaibo, algunas personas tuvieron el asombro de observar su apariencia de cabeza rapada y larga barba que pensaron que era algún samurai o monje de alguna congregación budista.
Instalado ya en Maracaibo y sin rumbo definido, da clases de corrección del estilo Shotokan en los dojos de Kunio Tanabe y del Sensei Marcelo Boldrini, ya que era conocedor de muchos estilos de Karate.
Debido a su reciedumbre y fuerte carácter decide separarse de estos y llevar el rumbo de su vida de acuerdo a su forma de ser y sin depender de nadie, ya que no quería enseñar shotokan solo lo hacia a manera de corrección en ese entonces ya había conocido al joven Manuel López, quien había estado sentado pacientemente 3
semanas en el dojo para recibir su primera lección de karate, y quien fuera el primer estudiante en recibir la herencia del karate y el kobudo de Okinawa guardado por el maestro desde que había salido de su Japón natal, éste decide ayudarle a conseguir un hogar y le consigue una habitación de 4x2 m. en la Urb. La Trinidad, donde por supuesto no tenía espacio para entrenar sus técnicas y se veía en la necesidad de subirse al techo para entrenar todos los días. Debido a ésta situación la dueña decide rescindir el contrato del Maestro Hiramatsu y así estuvo sin un sitio fijo de vivienda por espacio de dos años, hasta conseguir su dojo Hombu Okinawakan en Residencias Martin de la Av. El Milagro, gracias a la ayuda de Manuel López. Allí permaneció por espacio de 8 años, siendo este el dojo que le diera su proyección a nivel nacional e internacional.
El Maestro Hiramatsu era una persona muy querida y solicitada en la sociedad del karate y del kobudo Okinawense, el Maestro Isamu Yamagawa en una oportunidad le envió una carta pidiéndole fuese su guía, de igual manera el Maestro Katsuyoshi Kanei, Yagui Meitoku, Gogen Yamaguchi, mantenían constante relación con el Maestro Hiramatsu, pidiéndole que volviera a su tierra natal, pero el Maestro Hiramatsu creía firmemente en la disposición de los venezolanos y en su voluntad y sumisión para aprender el karate y el kobudo okinawense, lo que hizo entre otras cosas que amara y quisiera nuestra tierra. El objetivo era enviar un estudiante por algunos años a Okinawa y cuando este regresara preparado, él se marcharía a Japón.
Su apariencia física era de un macizo japonés de baja estatura, de estructura muscular completa y sólida, demostrando un cuerpo duro y flexible en su accionar, con su manera peculiar de caminar, parecía que el viento se lo llevase cuando movía su barba de un lado a otro, pero a la vez parecía un ancla sosteniendo un barco en pleno muelle, lo que quiere decir que era en su carácter tan dócil como el viento y tan fuerte como la montaña.
El momento más esperado por todos sus estudiantes y por quienes lo rodeaban, era cuando se disponía a realizar un kata, ya fuera en exhibiciones o cotidianamente en su dojo. En ese momento la tensión era tal que sólo se escuchaba el golpetear del viento y los movimientos de los gatos. Al principio, realizaba su ritual saludo e identificaba alguno de los 200 katas que había aprendido, sus movimientos se semejaban a los de un soldado atacado por 10 personas en plena batalla. El aire era cortado, sus pies difícilmente podían distinguirse, sus fuertes manos empuñadas y abiertas adquirían una velocidad indescriptible, sus venas brotaban de su cuerpo cuan fuerza ejecutada de manera extraordinaria, el brillo inmóvil de sus ojos se perdían en el horizonte con una respiración acorde a sus movimientos, el brote de su sudor ni siquiera era percibido, todo en una forma tan explosiva y tranquila que la vibración que producía en sus espectadores era de profunda admiración y respeto, pareciese que estuviese luchando contra su propio ejército. Al realizar los katas de kobudo, la expectativa crecía, mantenía a todo el mundo en vilo. En una oportunidad el Maestro Higaonna Morio al observarlo hacer su kata de Nichokusarikama, casi cierra sus ojos y lleva las manos a su cabeza ante tan extraordinaria exhibición.
El desprendimiento del Maestro Hiramatsu al realizar sus katas era a tal punto que alcanzaba la forma más peligrosa y rigurosa de realizar técnica alguna en total desapego por este mundo.
En el año 1983 el Maestro Hiramatsu decide fundar su propio estilo, el “Gikuken Karate Do”, un manantial de técnicas inspiradas en las enseñanzas de su maestro, técnicamente hablando tenía mucha influencia China, con técnicas de codo a tiempos muy alternados, con palancas, proyecciones e inmovilizaciones, cabe destacar que el Maestro al ejecutar sus Katas, realizaba movimientos muy fluidos, sin posturas mostradas y con mucha rapidez los Katas eran muy cortos con un máximo de duración de 2 min.
Los nombres que le dio a los Katas de su estilo son: Gigitepo, Shenginihoken, Shenginidanken, Shenginisanken, además de crear Hiramatsu no Bassai.
En resumen en la Escuela Okinawakan del Maestro Hiramatsu, se transmitía la esencia del Karate Shorin Matsubayashi (Vertiente del Shorin Ryu de Tomari), Goju Ryu de Meibukan – Jinbukan, Okinawa Matayoshi Kobudo, y el estilo creado por el Maestro Hiramatsu, Gikuken, debido a esto el Maestro alcanzó el titulo de Hanshi, por ser fundador de su propio estilo.
Jamás en la escuela del Maestro Hiramatsu se transmitieron enseñanzas del estilo Shito Ryu o Shotokan, ni mucho menos Wado Ryu ni Uechi Ryu; corregía mucho la postura de sus estudiantes para que las posturas no tuviesen similitud a las de estos estilos.
Hoy en día algunos estudiantes han tenido la osadía de cambiar la fluidez de las técnicas transmitidas por el maestro, haciéndolas parecer al Karate Shito Ryu, no es que el Karate Shito Ryu tenga algo de malo, por el contrario, lo que ocurre es que estos estudiantes han perdido la oportunidad de preservar un tesoro técnico transmitido por el Maestro... ¡Esto es un Desperdicio de Vida!, en mi opinión.
Los estudiantes que hoy en día mantienen intacta la tradición del maestro Hiramatsu en Seibukan son: Justo Aguirre Weffer, en Puerto la Cruz, Juan Pablo Núñez en Argentina, en USA Alfredo Jesus Linares, Alfredo Olivares e Hideo Sugita, y los estudiantes del Dojo Seibukan creado por el Kyoshi Martín García.
Particularmente puedo dar fe de todo lo expuesto, porque dentro de mi carrera marcial alcance la también el grado de 4° Dan de Shito Ryu de la escuela del maestro Yuichi Neguishi, con la finalidad de ampliar mis conocimientos en todos los estilos tradicionales Japoneses. Precisamente el mismo Hanshi Hiramatsu nos motivaba a ir a entrenar con otros Maestros para que supiésemos diferenciar la herencia técnica y cultural, entre el Karate Okinawense y japonés dejándonos muy claro que nunca deberíamos criticar otros estilos o maestros por las técnicas que ejecutasen, así nos enseñó a distinguir una filosofía o técnica de otra y a respetar todas la escuelas existentes.
Siempre partía del principio que ningún movimiento defensivo debía ser realizado exageradamente o con la fuerza que el cuerpo humano naturalmente no brindara. Personalmente creo imposible que cualquier individuo practicante de artes marciales pueda imitar al maestro en su esencia.
Muchas personas intentaron ser discípulos de Hiramatsu Sensei a menudo frecuentaban la academia pidiendo información, el maestro casi nunca les hablaba al principio, solamente les miraba fijamente con su recio semblante y les indicaba con el poco español que hablaba, que deberían permanecer sentados en la banca observando las clases durante 3 semanas, a la tercera semana el les diría se podrían ingresar o no a su escuela, esto lo hacia por haberse percatado de la poca seriedad y continuidad que habían tenido ex-estudiantes. El señor Daniel López fue uno de los primeros estudiantes en llegar a residencias Martin, al dojo Okinawakan Hombu, y pedirle al maestro Hiramatsu que le permitiera ser su discípulo y seguidor de sus enseñanzas, luego de haber esperado pacientemente le explico y mostró sus técnicas de Shotokan Karatedo que había aprendido y que su grado era de 4to Dan, el maestro Hiramatsu le respondió: “Usted se debe haber esforzado mucho, pero no conoce los secretos del Karate de Okinawa, este no es un Karate deportivo ni competitivo, el sistema de enseñanza es muy riguroso, y la disciplina que yo exijo es muy severa, si usted quiere ser mi discípulo debe empezar las clases con un cinturón blanco”. El señor Daniel López no lo pensó 2 veces y sabia que lo que recibiría compensaría por el resto de su vida todo lo aprendido anteriormente, decidió colocarse el cinturón blanco.
A los pocos años se convirtió en Renshi discípulo del maestro Hiramatsu demostrando ante este humildad, disciplina, paciencia y tesón, alcanzando el grado nuevamente de 4to dan pero esta vez con el estilo tradicional okinawense del maestro Hiramatsu.