Vida del Maestro Hiramatsu
Un día en la vida del Maestro Hiramatsu
Su día comenzaba a las 5 de la mañana, dirigiéndose a la esquina más cercana de su casa, en dirección al sol realizaba su ritual saludo de palmadas y manos juntas (boca de león) acompañado de 2 reverencias o venias. Inmediatamente se dirigía al patio de su casa, a meter sus dedos en granzón, cargar los troncos de madera de un lado a otro, golpear la makiwara, levantar chishi, lanzar geris con tetsugeta, pararse de cabeza, golpear todo su cuerpo con un martillo de madera, y solo después de este calentamiento realizaba sus katas de kárate favoritos: Oki Koryu Gojushiho, Aragaki no Unsu, Suparinpei (Pechurin), Sanchin, Naifanchin Shodan. etc.
Luego pasaba a realizar los katas de kobudo: Nichokusarikama, Sansetsukon, Sai, Kama, Bo, Tonfa, Suruchin, etc. Ya entrada la mañana limpiaba toda su casa comenzando por el patio, en el mediodía se alimentaba y le servía el almuerzo a sus animalitos. Tomaba una pequeña siesta y después de las 2 p.m. comenzaba nuevamente su entrenamiento, hasta recibir a sus estudiantes para transmitir sus enseñanzas. Era el único maestro que dedicaba 8 horas de entrenamiento, 4 para Karate y 4 para Kobudo, desde los 40 hasta los 54 años de edad, lo que es algo asombroso y difícil de igualar.
La sesión de entrenamiento con el Maestro era extremadamente rigurosa, al llegar no sabíamos con que nos encontraríamos, quizás cortar el monte, que intencionalmente dejaba crecer en el patio del Dojo, ir al supermercado, o a lo mejor nos recibía con un fuerte gesto o simplemente una palmadita en el hombro. Luego de realizar el saludo a la cinta y al Shomein, se disponía a darnos una extenuante clase de técnicas de piernas en donde la variedad de técnicas era grande, después corregía nuestro tachikata a través de la ejecución del kata. Solía interrumpir la clase para contar algún chiste o anécdota, lo cual hacía el ambiente muy agradable y una onda de compañerismo y amistad crecía cada vez más entre nosotros.

El maestro Hiramatsu siempre nos enseño la manera de evaluar, para otorgarle un grado a una persona decía que solo hacia falta observar un movimiento de acuerdo a las técnicas que fuese a ejecutar el estudiante para saber su nivel, reconociendo así la capacidad del instructor. En una oportunidad, en ocasión de tener la responsabilidad de realizar los exámenes de ascenso para algunos de sus estudiantes, tardamos casi 6 horas por la cantidad de estudiantes que había. Al momento de llevarle cuentas y resultados al Maestro, éste no nos atendió y cerró la puerta diciendo que habíamos tardado mucho y que para evaluar una persona sólo era necesario observar un solo movimiento.
El nombre que en el argot del karate fue designado al maestro hiramatsu fue “GIGIN” (saltador) como saltos de canguro ya que en un gassuku organizado por Toyama sensei , su maestro, los estudiantes yudansha debían de saltar un arrollo de mas o menos 4mts de ancho sin caer en el agua y para que la prueba fuese mas difícil había que ejecutar por lo menos una patada en el aire, el joven hiramatsu fue el único en lograrlo siendo felicitado por sus compañeros y apodado para siempre el saltador “GIGIN”. El entrenamiento en cuclillas era uno de sus preferidos, después que realizábamos Mae Geri, Yoko Geri y Mawashi geri desde Seiza, unas 100 veces cada una, nos colocaba en cuclillas, sabíamos cuando empezábamos pero no cuando terminaríamos, un sinfín de técnicas eran ejecutados, incluyendo el Kumite.
Nunca faltaba alguien que cayera en las trampas de los más avanzados, como fue el caso de Jesús Fernández, quien nos pregunto como hacia para pedirle permiso al maestro para tomar agua, uno de los estudiantes avanzados le dijo:” te acercas hasta donde esta él, abres la boca todo lo que puedas y te señalas con el dedo hacia la boca”... ante el asombro del Maestro quien le preguntó si estaba enfermo... y le trajo unas aspirinas ya que esa era la seña para decir que algo nos dolía... Lo siguiente fueron risas... así se fue levantando entre rigurosidad y amor la escuela del Maestro con sus estudiantes.
Al retirarnos todos ya después de la 10 p.m., luego de haber compartido la cena con el Maestro y de disfrutar de algunas refrescantes cervezas, solo para los estudiantes mas avanzados, el Maestro se dedicaba en su casa a construir las armas que nos obsequiaba, llaveros, escudos de madera, o reparar alguna cosa en su casa, como un artefacto eléctrico, etc., hasta llegar hacer una antena parabólica, con la cual conectado a su radio le permitía escuchar todos los días las noticias de Japón.

Así terminaba un día en la vida del Maestro, a altas horas de la noche, casi sin descanso, para luego comenzar nuevamente muy temprano al día siguiente… Durante sus sueños podía observar a todos los Maestros, que según relataba, le orientaban y realizaban katas muy antiguos.